Pero heme aquí de nuevo echada aplastada, espichada por el ocio que reporta indignación ante el hacer bien visto, canciones que narran fantasías oscuras que no se guardan en el alma sino profundo en la tierra bajo mis abismos, ya no necesito los disturbios de la locura ni la cólera de sus miradas, ahora aprecio con vértigo la desaparición de mis convicciones, poca potencia de mi inocencia.
Desacato la autoridad de mis razones para llegar al rincón sin cordura, no necesito, no deseo, ente navegante, radiante que despegó de un puerto alegre, hacia mares de tormentas, de fiestas y de hastío, hoy me rebelo, y que me releven de mi puesto!, que lo siga el que se adapte
YO YA NO TENGO REMEDIO!
tengo mis pies con ampollas y un tarro de dulces para moverme, mientras pueda librarme correré lejos de ustedes, no me persigan, ya no me exijan que me quede.